Elle s’appelait Sarah, reconstruyendo la historia gracias a los contactos

Tranquil@s, no me voy a convertir en ninguna spoiler y no voy a contar el final de esta película francesa que narra la investigación de una periodista americana sobre la redada en París contra los judíos en el verano de 1942. Dirigida por Gilles Paquet-Brenner, me ha parecido un film excepcional, intenso, profundo y que da sentido al verdadero periodismo de investigación. Detallista, Elle s’appelait Sarah o La llave de Sarah según su traducción al español, está basada en una novela de Tatiana de Rosnay cuyo éxito nada tiene que envidiar a los premios que ha recibido la producción de Gilles Paquet.

Hecha ya la presentación, quiero aprovechar este largometraje para hablar sobre la teoría que muchos conoceréis ya: la de los seis grados de separación. Tejer tu red de contactos no consiste sólo en tener muchos amigos en Facebook, Linkedin o cualesquiera que sea la red social que utilicemos. Ya sabemos que “el mundo es un pañuelo”, pero lo interesante es ver cómo algunas personas saben convertir en provechoso este dicho y no en una valoración cuantitativa de los mismos. Para mí, sin duda, la trama de La llave de Sarah es un perfecto ejemplo.

En el mundo de los negocios, las tarjetas y el intercambio de vCards abunda [y cada día más la conexión vía Linkedin]. Pero, si a un colectivo le resulta imprescindible la buena gestión de sus contactos, ese es el de los periodistas. Para los periodistas, como en el caso de Julia Jarmond (os recuerdo, la protagonista del film), estos se convierten en la materia prima, ya que sin ellos no hay resultados. Claro que se reciben miles de notas de prensa al día, miles de convocatorias e invitaciones a eventos, pero… cuando hablamos de periodismo de investigación… ¡ai! Aquí cambia la cosa y suele pasar que las fuentes parece que se escondan debajo de las piedras más remotas.

Me fascina ver cómo evoluciona la película, como jugar una u otra carta y el interés o el presentimiento te hacen actuar de una y no de otra forma. Y, también el factor de arriesgarse, sin el que seguramente en muchas ocasiones perderíamos buenas oportunidades. Aun tratarse de una historia que desde el presente intenta recuperar las desconexiones del pasado, podemos observar que lo que nos cuenta el sociólogo Duncan Watts con su teoría de los seis grados también permite conectar épocas diferentes a través de una red bien tejida.

Por cierto, para los que os preguntéis si esta novela histórica pasada a la gran pantalla es real, según la autora Tatiana de Rosnay, aunque relate hechos reales acontecidos en los duros años 40 del siglo pasado, los personajes son ficticios.

Dicho esto, sólo me queda desear mucha suerte a un amigo que ha emprendido un interesante y a su vez complicado camino hacia la investigación de una mujer que pese a haber ocupado un cargo importante en la dirección de un reconocido diario catalán, ha pasado bastante desapercibida en la historia hasta el punto que nadie nos la nombró en nuestros cuatro años de licenciatura en periodismo. ¡Suerte Marcos!

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