Y… it’s “borrar mails” time!

¿A cuántos nos puede el afán de estar sobre informados? ¿Cuántos nos pasamos un rato, por qué no decir 10 minutos al día o más, dándole simplemente a la casilla de marcar de múltiples mails que tal cual llegan a la bandeja de entrada se van a la papelera?

El día sólo tiene 24 horas y, por mucho que lo intentemos, es imposible que leamos y nos informemos de todo lo que nos gustaría. Que sí las newsletters, que si los mails de amigos que nos reenvían cadenas (dichosas cadenas, dicho sea de paso), que si Google Reader, las alertas… ¡Ah! Y a todo esto le sumamos nuestra creciente presencia en redes: Facebook, Twitter, Linkedin, XING, BytePR, y un sinfin de redes generalistas o verticales en las que nos gustaría pasar horas y más horas comentando y nutriéndonos de contenidos, pero que terminamos simplemente por ir recibiendo sus recordatorios de que estamos registrados y que, por ejemplo, “nuestro jardín necesita regarse“.

Personalmente, en muchas ocasiones me siento abrumada de la inmensa cantidad de información que conscientemente desecho a diario. A veces me pregunto porqué el ser humano tiene la capacidad de complicarse la vida. Aunque luego, concluyo que realmente Internet es un ejemplo de democracia (y entre comillas, porque ya sabemos que existe el SEO, SEM y el SMO… o simplemente algún día Google amanecerá y nos dirá: “Hola mundo, hoy he venido para comerme el pastel entero”) y lo que ocurre es que pensamos que por existir un mayor volumen de contenidos a nuestro alcance significa que podemos devorarlo todo.

A ello, se suma (si más no en mi caso) la voluntad de hacer las cosas bien y de que cuando surja algún tema de discusión pueda tener los argumentos suficientes como para poder tener una opinión fundamentada. Claro, pero… ¿alguien al mismo tiempo nos habla de la infoxificación, o séase que tan malo es ser un ignorante como querer saber de todo?

Por otra parte, a veces no nos damos cuenta que tal vez prestando un poco menos de atención a la pantalla del PC y escuchando a las personas de nuestro alrededor también podemos aprender.

No me gustan las obsesiones, ni los radicalismos. Por eso, pienso que en este momento de transición hacia una cultura de lo digital, electrónico, 2.0 o como queráis llamarle, no debemos olvidarnos nunca de qué es lo que nos mueve en realidad. Y, retomando el tema de los mails: ¿para qué tener cientos de correos que vamos a borrar cada día si podemos darle al botón “cancelar suscripción”? Con esto no quiero fomentar una fuga del modelo newsletter, simplemente me gustaría remarcar la importancia de combinar ambas facetas y no olvidarnos nunca que para comprender lo que sucede en la red, primero, y antes que nada, debemos comprender qué sucede en la vida real. Que a veces para hablar de realidad augmentada no hace falta irnos a lo último para el iPhone o el Android…

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